Rapa Nui con ojos de turista

Tradiciones, mística, belleza geográfica que se interna en la retina humana y deliciosas recetas gastronómicas, son algunas de las bondades de esta encantadora isla ubicada en medio del Pacífico.

Por Karen Vera E.

Las ruedas del avión se posan sobre el aeropuerto Mataveri. Las ventanas se condensan porque la temperatura bordea los 20º C en pleno mayo y la humedad convierte el entorno en un inmenso baño tibio e inigualable: esto es Rapa Nui.

Como acogedor gesto de bienvenida los lugareños entregan collares de grandiosas flores a los turistas. En esta ocasión, amarillos con blanco y fucsias con lila.

El mar de un vivo azul intenso engrandece la divinidad del lugar, contrastando con las planicies cubiertas de hierbas silvestres y arbustos en tonos verdes, amarillos y café. Casi no hay árboles en la isla, porque la leyenda asegura que en otros tiempos los Toromiro fueron utilizados para transportar a los fabulosos moai de piedra. A pesar del océano calmo, constantemente, sopla un viento tibio y abrazador.

La carretera es en parte pavimentada, pero la mayoría está conformada por una huella de greda rojiza, típica de los suelos volcánicos. Sin tanto andar, intempestivamente, se cruzan caballos salvajes, hermosos y libres, como el alma de la gente de Rapa Nui.

Los inigualables moai rodean la isla de espalda al mar, protegiendo a la gente. En su mayoría están en esparcidos por las distintas planicies, pero destacan los 15 de Ahu Tongariki, especialmente el más pequeño, reconstruido por los japoneses tras el terremoto de 1960 de Valdivia, que trajo como consecuencia un tsunami en la isla, arrasando con varios de ellos. Los originarios del lugar también aseguran que debajo de éstos hay tumbas, las que no se pueden explorar porque son un símbolo de su identidad.

Las construcciones de  Hanga Roa se caracterizan por las viviendas de madera y  techos de zinc, debido a la lluvia que, por momentos, azota la isla. La cruzan dos calles principales. La primera, desde la bahía hacia el cerro que desemboca en la Iglesia y la segunda, perpendicular a ésta, se llena de vida con restaurantes, hoteles y comercio.

Su gastronomía es abundante en pescados y frutas exóticas. El cebiche incluso es una deliciosa mezcla de pescado, guayaba, mango y leche de coco.  Otra obra culinaria imperdible que destacan los visitantes, es una especie de “chorrillana”, pero de papas con leche de coco, crema y frutas.  Al caer la noche se puede disfrutar de bares y discotheques, donde se puede bailar y pasar un rato agradable.

Los volcanes

En Rapa Nui hay dos volcanes, el más grande es Rano Kau, que posee una laguna interior de aguas oscuras, cubierta de vegetación y un kilómetro de diámetro, con 280 metros de profundidad.

También está el cráter Rano Raraku con una laguna de agua dulce y totoras que no supera los tres metros de profundidad.  En este sitio se hallan las canteras donde tallaban a los gigantes de la isla. Desde el volcán hacia la costa estas monumentales obras de piedra están dispersas por un sendero, formando un camino hacia el océano.

Al noreste de Rano Raraku y a los pies de un acantilado está la playa Ovahe, que se destaca porque en ella el mar parece teñirse de rojo, gracias a la arena de ese particular color.

Cercana a la bahía de la Perousse o Hanga Hoonu se impone el balneario Anakena. Una parada imperdible: reconfortantes y cálidas aguas turquesa, rodeadas de grandes palmeras, sin duda un reflejo del paraíso terrenal.

Ascendiendo se llega a las rocas esculpidas con petroglifos de Orongo, donde se representa, entre otros, al hombre-pájaro. La mitología cuenta que antiguamente los clanes se debatían en una competencia, donde bajaban el risco, nadaban hasta llegar al islote frente al lugar y quien traía de vuelta el huevo del ave sagrada Manutara, gobernaba política y religiosamente durante un año.

Rapa Nui, y como se conoce en Chile continental “Isla de Pascua”, incorporada a nuestra soberanía en 1888, es una cultura desbordante de leyendas y tradiciones que enriquecen el alma de quienes la visitan. Una tierra mística que envuelve con sus extensas planicies de arbustos, invalorables moai, hermosas playas y una delicada diversidad culinaria ¡Sin duda hay que visitarla!.

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