El Alien que me amó

Esta es una historia de amor. Algo extraña, pero historia de amor a fin de cuentas. Entre una mujer que dice haber sido abusada por extraterrestres y el ufólogo que la rescató. Un príncipe azul que la visitaba en sus sueños de infancia y que se le apareció en vida años después. Esta es la “cósmica” historia de amor de Virginia y Mario Dussuel.

Por Arturo Galarce

“¡Concéntrate!”, me dice Mario Dussuel, interrumpiendo un acto de telekinesis en su consulta. Estamos parados frente a su escritorio, tomados de la mano, y mirando fijamente un péndulo que debiera moverse con el poder de la mente. “Acerca el dedo gordo, hasta casi tocarlo”, insiste, mientras mueve su mano izquierda tras un grupo de pirámides azules que decoran el mesón, buscando según él, “un canal de magnetismo”.

No pasa nada.

Dussuel hace el último intento, arruga la cara cerrando los ojos y me pregunta si se movió. “Ehm… no”, le contesto, soltándole la mano y alejando mi pulgar del péndulo. “Los etés no quieren que se mueva”, lamenta convencido, mientras se carga en su camilla de cuero café, donde se tienden los “contactados” (personas que aseguran recibir mensajes y visitas de seres extraterrestres).

Mario Dussel es un ufólogo que parece sacado del “Semanario de lo Insólito”. Pequeño, hiperquinético, hablador, rechoncho, semi calvo y con barba blanca. Claro que primero fue psiquiatra, egresado de la Universidad de Chile. Y se transformó a lo paranormal después de un encuentro directo con lo que él llama: “Un Lama Viajero”. Es decir, un maestro que mantiene contacto con seres extraterrestres, y que se dedica a ubicar almas preparadas para recibir la misión que ellos le encomiendan. El “Lama Viajero” ubicó a Mario mientras se desempeñaba como médico en Aysén y le entregó una pirámide de bolsillo, asegurándole que ella le serviría para descubrir su misión.

“A la media noche me desperté, la pirámide estaba tiritando tan fuerte que movía el velador”. En ese preciso instante, Mario comprendió lo que tenía que hacer. “Como soy doctor me dije que para algo de la salud tendría que ser”. Primero hizo sanaciones con las manos, pero después de un ataque de “soberbia” que los “etés” castigaron haciendo desaparecer la pirámide y sus poderes, se dedicó de lleno a las regresiones. Durante una de ellas conoció a quién hoy es su mujer.

Los hombres son de Marte…

Virginia, era una “contactada” que aseguraba haber sido abusada sexualmente por extraterrestres. Después de pasar por varias consultas siquiátricas, fue a dar donde el doctor Dussel. Un destino que según ambos estaba “escrito” de antemano. Ella siempre fue una chica tímida, de pocos amigos y pésima suerte en el amor. Vivió hasta los 25 con sus padres en una casa en Estación Central. Cuenta que a partir de los 14 años comenzó a practicar el “desdoblamiento involuntario” (estado de trance en que el espíritu se separa del cuerpo). “Gracias a este mecanismo conocí lugares y seres extraterrestres, que con el tiempo, pasaron a tomar real protagonismo en mi vida”, asegura Virginia.

Primero fueron seres de aspecto nórdico que la transportaban en diferentes naves a recorrer parajes del Cajón del Maipo, donde llevaban a cabo sus investigaciones en la Tierra. “Tomaban muestras de vegetación, piedras, y minerales. A veces iban al mar, donde se proveían de algas de color morado”, dice la “contactada”.

Después fue visitada por seres con aspecto de reptiles: ojos rasgados, piel verdosa y de textura áspera. “Sus cuerpos eran fibrosos y no usaban ningún tipo de vestimenta. Para comunicarme con estos seres debía repetir varias veces: “Gaspar, Orion, Viajero Estelar”. Una especie de conjuro intergaláctico que la conectaba con lo extraterreno y permitía la aparición de los “reptiles” en su dormitorio. Según ella, venían a la tierra en busca de alimento. “Estaban en peligro de extinción y su base se ubicaba en la playa Las Torpederas de Valparaíso. Ahí vivían bajo el mar. Tenían tanta hambre que se empezaron a alimentar de gaviotas”, cuenta Virginia, mientras se cruza de piernas y suspira melancólica.

Contacto directo

A los 27 años Virginia trabajaba de secretaria, ya no vivía con sus padres y estaba acostumbrada a las visitas de este tipo. Pero una noche del verano de 1991 las apariciones y contactos dieron un giro en 180 grados.

“Esa noche desperté de madrugada porque sentía algo en la espalda. Al lado mió había un hombre sacado de otra época, estaba vestido como pirata y permanecía inmóvil. Yo me horroricé tanto que di un grito y el tipo desapareció, no fue una sensación mística, sentí miedo”, resalta Virginia, quien toma del suelo un peluche de una de sus hijas y lo estrangula entre sus manos mientras dice: “a la mañana siguiente fui a ducharme, ahí me di cuenta que tenia un círculo en mi espalda, con una pequeña capa de costra y algo de sangre”.

Pasaron unas pocas semanas y nuevamente Virginia despertó de madrugada. Esta vez, claro, el ser no se encontraba a su lado, sino que encima suyo. Un sujeto con forma humana pero con escamas de pescado por todo su cuerpo la abusaba sexualmente. Virginia intentaba sacárselo de encima pero sin ningún éxito. “Desperté con una sensación de placer, como de tener muy buen sexo, era mucho más fuerte que hacerlo con un hombre”, dice Virginia, mirando de reojo a Dussuel, quien dice resignado: “que le vamos a hacer”.

Fue así como Virginia comenzó a mantener relaciones sexuales con seres de esta raza. “Era mucho mejor que tener sexo con un hombre, a pesar de sus escamas, y lo frío y húmedo de su piel. Muchas veces ni siquiera necesitaban tocarme, telepáticamente me hacían llegar al orgasmo. Eran seres que necesitaban a las mujeres”.

Fue ahí cuando conoció a Dussel

A través de las regresiones hipnóticas del doctor, Virginia llegó a los sueños de su niñez en donde veía a un hombre vestido de blanco y con barba canosa. También veía una casa blanca, con flores blancas, y un arroyo que pasaba por el jardín. Dussel entendió de inmediato quién era el hombre con el que soñaba Virginia y el lugar donde debía llevarla para sanarla.

Fueron a la casa que tenía el ufólogo en el Cajón del Maipo, que para sorpresa de la “contactada”, era la de los sueños. Juntos comprendieron que esto era obra de los etés. Los “encuentros” de ese tipo desaparecen para Virginia al momento de casarse con Mario Dussuel. Hoy tienen dos hijos, a pesar de que ella no podía tenerlos. “Los etés lo predijeron hace cuatro años”, aseguran. Porque, como dice reiteradamente Dussel: “nada, absolutamente nada de lo que nos pasa en la vida, es casualidad”.

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