En busca de picadas

Por Anabella Ballesteros

Fin de semana largo y yo acá pegada en Santiago sin poder salir  por aprovechar estos días como una oportunidad para trabajar más. El domingo es sagrado para descansar del carrete y la jornada laboral del fin de semana. Pero este día preferí  reunirme con mi papa y mi hermana a almorzar, sin importar que sólo hubiera dormido sólo 4 horas.

Yo propuse ir a comer a una picada. El Quitapenas era el lugar de destino, así que nos juntamos en el metro Cementerios. Mí hermana tuvo la brillante idea de ir a pasear al camposanto de la comuna, y también por el hecho de que ambas no teníamos hambre por poseer una descomunal caña producto del carrete de la noche anterior.

Nos perdimos  entre los muertos recorriendo el lugar, leyendo los epitafios y sacándonos fotos con las tumbas más curiosas e históricas del lugar. Hasta que ya estábamos famélicas; Salimos en busca de la salida, a la cual nos costó llegar. Nos dirigimos al famoso Quitapenas en busca de una rica cazuela para palear el frio que hacia por ser un domingo nublado. Grande fue nuestra sorpresa al sentarnos en la mesa y escuchar al garzón decir que ya no quedaban almuerzos, sólo sándwich. Y claro ya eran las seis de la tarde,  a quién se le ocurriría ir a almorzar a esa hora. Es que el Cementerio General, atrapó nuestra atención y nos olvidamos del tiempo.

Pescamos la moto o más bien dicho el taxi y nos fuimos a la vega chica en busca de otra picada para almorzar. Con el medio diente que teníamos, sólo queríamos comer un rico plato. Pero ni el feriado hizo que los locales de comida abrieran hasta más tarde, estaba todo cerrado. Habíamos rebotado por segunda vez, así que nos fuimos a la segura al Portal Fernández Concha.

Esta galería de comida también conocida como Sierra Bella data de 1871. Antiguamente estaba conformado por refinados restaurantes donde comía la alta alcurnia, quien lo diría ya que hoy aunque es concurrido por muchos visitantes está lejos de ser un lugar de gran estirpe.

Sus precios son económicos por lo que lo hace una picada de gran renombre. Además que tiene una diversa carta para elegir, desde platos típicos chilenos como comida rápida: completos, churrascos, cazuelas, y pizzas entre otros alimentos. Ubicado entre las calles Estado y Paseo Ahumada, este portal se  puede ver repleto de trabajadores a la hora del almuerzo, quienes prefieren este lugar para ir a alimentarse.

Dentro del Portal Pérez Concha destacan los locales Ravera y Nuria, pues son los más visitados a la hora de comer. Esta vez si le achuntamos, la galería poseía todos sus negocios abiertos para degustar una contundente comida, elegimos el restaurant Nuria para comer, pues tiene las tres B: Bueno, Bonito y Barato.

Nos atendió Marco Pacheco, así se llamaba el garzón que nos brindó la mejor atención, por ser los únicos individuos a esa hora.

Lo único malo es que a la hora de pedir no había lo que quería. Primero ordene una paila marina, para recomponer la caña pero para mí disgusto no había y no es raro que no haya el último día de semana santa, donde la demanda de marisco y pescados es muy grande. A manera que tuve que conformarme con una cazuela de ave, la cual estaba deliciosa y llenadora; No la pude terminar aunque ganas no me faltaban, mi estomago no me permitió engullir todo el plato servido. A parte como iba a poder comer toda la comida sí antes me baje todo el pebre y me zampé todo el pan, pese a la advertencia de mi papa, quién me dijo que mejor esperara el plato, pero a esa hora el hambre sea hacia cada vez más aguda. 

Luego de pedir la cuenta ,el garzón, Marcos Pachecos, quien no llevaba mucho tiempo trabajando allí ,me contó que en la semana es posible ver 500 personas almorzando ahí durante toda la jornada;  Entre los platos más pedidos están el pastel de choclo, merluza , pescado frito ensalada a la chilena y cazuelas.

Una anécdota que nos narró el señor Pacheco, fue una historia contada por uno de sus compañeros. Él cual sufrió de un perro muerto, en una de las mesas que atendía. El garzón aseveró que fue tragicómico, pues su colega llevaba 40 años de servicio en el restaurant y era difícil que le pasasen estas cosas. Era una familia que por su forma de vestir y hablar uno nunca pensaría que se irían sin pagar la cuenta, acción que en Chile se llama perro muerto. Pero así fue, la moraleja que aprendió el hombre fue a no dejarse llevar por las

apariencias y estar más atento para la próxima vez ya que tuvo que pagar él la cuenta.

El restaurant Nuria fue fundado en 1928 y tiene su nombre por un rio español, posee una larga trayectoria y tradición. Conserva varios locales a lo largo de Santiago y regiones, y es imposible que algún ciudadano chileno nunca haya ido a este lugar a degustar una rica comida

Fue un excelente domingo familiar en donde elegimos una picada para ir  almorzar y compartir un grato momento en el Portal Fernández Concha y más bien en el restaurant Nuria.

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