Femicidio: El último escalón de la agresión

Algunas nunca denunciaron, otras lo hicieron pero no se les dio la debida protección. Unas fueron tomadas por sorpresa y otras sí descubrieron que el hombre de su vida terminaría siendo el hombre de su muerte.

Por Leonel Rozas Mardones 

Muchas intentaron escapar, muchas no tuvieron siquiera tiempo de hacerlo, pues dormían cuando recibieron el golpe o el disparo fatal.

Hablar de  femicidio se refiere, sin lugar a dudas, a un delito con todas sus características y componentes: un sujeto activo, el que mata, un sujeto pasivo, la mujer víctima; y el móvil, que es la causa del crimen.

Podemos decir que en idioma español, el término femicidio, se llama al asesinato de mujeres en razón de su sexo femenino. A diferencia de un homicidio, como, por ejemplo, matar a una persona, mujer u hombre en el curso de un asalto, robo u otro delito. El femicidio es el resultado extremo de la violencia contra las mujeres y sucede tanto en el ámbito privado como público. En el femicidio, se asesina a una mujer porque es mujer.

Éste sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres. En el femicidio concurren en tiempo y espacio, daños contra mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos, violadores y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas.

No todos los crímenes son concertados o realizados por asesinos seriales: los hay en serie e individuales, algunos son cometidos por conocidos: parejas, parientes, novios, esposos, acompañantes, familiares, visitas, colegas y compañeros de trabajo. Asimismo, son perpetrados por desconocidos y anónimos, y por grupos mafiosos de delincuentes ligados a modos de vida violentos y criminales. Sin embargo, todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y deshechables.

A diario escuchamos hablar de homicidio, parricidio pero no es habitual el término Femicidio, en circunstancias que es un crimen que cruza todas las clases sociales y etnias. Este tipo de delito expresa un sentimiento de posesión y control de las mujeres por parte de los hombres, acción que se apoya con la expresión “la mate porque era mía”.

 Históricamente , se han registrado este tipo de delitos que han dado pie a una serie de crónicas y fuertes debates en donde se abordan hechos deleznables en contra del mal llamado sexo débil y que han marcado de alguna forma nuestra conducta como sociedad, ¿Pero que se ha hecho para terminar con ellos o al menos castigar la comisión de estos crímenes?, la respuesta salta a primera vista, nada o muy poco, ejemplo de ello es que solo el 2010 se aprobó la ley que castiga el femicidio que no es otra cosa que dar muerte a una mujer por razón de su sexo.

¿Pero cual es la razón para que tuvieran pasar tantos años para recién en el siglo XXI se promulgara una ley que castiga este tipo de crímenes?, quizás nuestro marcado machismo latino, en que la mujer es o mejor dicho era relegada a un segundo o tercer plano y en donde se primaban por sobre todas las cosas el poder que tenía el macho, sólo por el hecho de su condición de tal. Con el paso del tiempo se fueron interponiendo, además otros factores como, el quien proveía los recursos para el hogar y era quien ordenaba y tomaba las decisiones por lo que el lugar de la mujer estaba dos o tres pasos por detrás del hombre, estaba tan arraigada esta creencia que el hombre era superior a la mujer que incluso ellas llegaron a asumir esa frase que dice “quien te quiere te aporrea”

Este hecho alimentó por años la creencia de mirar a la mujer como un objeto de la cual se puede arrogar propiedad, es cuestión de leer o escuchar las declaraciones de quienes han sido detenidos luego de cometer este tipo de delitos, frases como “la mate por que era mía” o “ella me pertenece”, lo que afirma la teoría del machismo enfermizo de los latinos y en especial de los hombres chilenos.

Flor del Carmen Núñez Valdés de 31 falleció el 13 enero en su domicilio en Talca, luego que su pareja la atacara brutalmente con un cuchillo propinándole dieciocho puñaladas, en presencia del hijo de ambos, de tan sólo cinco años. Flor se convirtió en la primera mujer víctima de femicidio en este 2012. En vida no recibió atención por violencia en el Centro de la Mujer del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), ni tampoco registra denuncias en Carabineros. El 20 de febrero otra mujer, Vanesa Leal Escobar, de 19 años, fue asesinada a cuchilladas por su pareja en Quilicura.

Mientras sigan ocurriendo este tipo de crímenes deleznables no se puede dar por cumplida la tarea de la autoridades y la sociedad, mientras no se logre poner a las mujeres en igualdad de condiciones frente a los hombres en todo los ámbitos, seguirán muriendo más Vanessas más Flor del Carmen.

Para terminar, recordemos la letra de la triste y célebre canción del grupo musical compatriota: Corazones Rojos de Los Prisioneros. Una muestra más del marcado machismo en Chile y que en sus párrafos señala lo siguiente:

Corazones rojos,

Corazones fuertes,

espaldas débiles de mujer,

mil insultos como mil latigazos,

mil latigazos dame de comer…

Eres ciudadana de segunda clase,

sin privilegios y sin honor.

Porque yo doy la plata

estás forzada a rendirme honores y 

Seguir mi humor…..

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