Mala Alimentación: “Somos lo que comemos”

Nuestro país ocupa lamentablemente el récord de tener una población con alto índice de sobrepeso y obesidad, ostentando el tercer lugar en Latinoamérica. Diabetes, hipertensión e incluso cáncer, son algunos de los males que traen la fatídica combinación de la mala alimentación y falta de ejercicio.

Por Andrea Campos

Llega la hora de almuerzo a la capital y es posible ver como  muchos son víctimas del voraz apetito que sale a relucir al mediodía. Raudamente los empleadores salen de sus puestos de trabajo para hacer uso de su horario de colación  y terminan saciando el hambre de la peor forma. Locales de pollos asados, hamburguesas, pizzas, comida china, fuentes de sodas, carros completeros y anticuchos callejeros son los más visitados tanto por trabajadores como estudiantes y niños.

Al caminar por las calles céntricas y al preguntarle a un gran número de personas qué preferían por consumir a la hora de almuerzo, algunos respondían lo siguiente. “No sé, cualquier cosa, lo que esté al paso, me da un poco de flojera llegar a la casa, preparar algo, servir, recoger la mesa y lavar las cosas, aparte que no alcanzó por el poco tiempo que dan. En cambio si compro en un negocio como y listo”, aseveró María Soledad de 30 años y vendedora de una reconocida tienda comercial.

Situación similar es la de Pedro Carmona, de 43 años y taxista de profesión, quien asegura que es fanático de los completos o los chacareros,  y que prefiere comerse uno a la hora de almuerzo, antes de ‘pegarse un pique’ a su casa y comer la cazuela o plato de arroz que le prepara su señora, bromeando “es que no cambia casi nunca el menú”. También nos encontramos con Antonia Plaza de 36 años, dueña de casa y madre de dos hijos, quién nos confesó que varias veces a la semana prefiere no cocinar y comprar algún pollo asado o simplemente opta por las Mcníficas del Mc Donald’s. “A veces me demoro en los trámites y justo me ‘pilla’ la hora de almuerzo. Los niños llegan del colegio con hambre y no me gusta que esperen, así que prefiero comprar algo preparado”.

Otra situación bastante sorprendente y que llama mucho la atención, es la distorsionada o poca información que maneja la población, sobre todo las generaciones más nuevas, con respecto a una correcta alimentación. Al conversar con un grupo de estudiantes de segundo medio y preguntarles qué alimento era más completo, si un pastel de papas o una pizza, uno de ellos no dudó en contestar “la pizza obvio, porque tiene más verduras”, hecho que demuestra claramente que el muchacho desconoce que dos trozos de pizza te aportan 351 calorías, en cambio un plato de pastel de papas, bordea las 210 calorías.

Malos hábitos

Por “mala alimentación” entendemos principalmente el creciente papel que está jugando en nuestra dieta la llamada comida chatarra. Grasas, azúcares, hormonas y edulcorantes abundan en los alimentos procesados de la comida rápida, los que han desplazado a las proteínas, vitaminas y minerales propios de los alimentos más naturales de los platos tradicionales. Es un cambio en la cultura alimenticia que se está volviendo un problema sanitario, por la cantidad de enfermedades que el sobrepeso trae consigo.

Si a esta mala alimentación le sumamos que el 91% de la población no realiza ninguna actividad física regular, estamos frente a una receta fatal que sólo ha logrado disparar los índices de grasa corporal en el cuerpo. Lamentablemente el tema de la actividad física se ve opacado por las altas cargas de trabajo. Para muchos mezclar el ejercicio, las largas jornadas laborales, la movilización, más las responsabilidades familiares, da como resultado algo casi imposible de realizar. Así declara María José Peña, de 32 años y profesora “años que no hago ejercicios, olvídate, ¿en qué momento? Entro a las ocho al colegio, salgo a las seis aproximadamente, llego a las ocho a la casa, preparo algo para los niños y de ahí me voy a la cama a corregir pruebas o a dormir, porque quedo muerta después de estar todo el día en el colegio.”

Declaraciones que demuestran que el panorama no es muy alentador. El sedentarismo, la comodidad por comer algo preparado y la falta de tiempo para realizar actividades físicas, sólo implica que estemos presente frente a una epidemia de sobrepeso, lo que trae consigue una fuerte alza en desarrollar la diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer gástrico, problemas a la tiroides, etc. Quizás algunas medidas pequeñas, que si las tomamos en cuenta, pueden ayudar a revertir o retrasar este problema.

Por ejemplo en el caso de los padres, inculcar una alimentación saludable a sus hijos. Proponer un buen desayuno, considerando la cantidad de actividades que hay antes del almuerzo, fomentando el consumo de lácteos, yogurt, cereales y frutas. Para el medio día, las legumbres, las verduras de distintos colores, acompañado de carne o pollo cocido o ahumado. Mientras que para el resto, tratar de hacer actividades físicas en el intertanto de las actividades laborales, por ejemplo subir escaleras y no utilizar ascensores, caminar un par de cuadras, tener alguna bicicleta estática en la casa y lo más importante, ordenar las comidas y sus cantidades, recordando el viejo refrán: desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo.”

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